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Aunque ya no estés, todavía estás

  Hace un año y cuatro meses que te conocí. Todavía recuerdo aquel septiembre. La primera vez que te vi, no pensé que acabarías siendo tan importante en mi vida. De hecho, creía que pasarías por ella sin dejar huella. Pero me equivoqué.
    Un día me miraste a los ojos y ese gesto tan natural, fue hecho con tanta profundidad que acabé dándome cuenta de que había algo que te distinguía de los demás. A partir de ese día empecé a prestar más atención en ti y sin querer, poquito a poco, te fuiste ganando espacio en mi corazón.
    Recuerdo que a veces me enfadaba mucho porque no me gustaban algunos rasgos de tu personalidad y mi carácter un poco controlador quería definirte. Sin embargo, pronto me di cuenta de que no soy yo quien te determina porque eres libre.
     Pasó el tiempo y tuve que irme. Pero no te dije adiós. Aunque nos veamos raramente, te veo todos los días en mis pensamientos y te abrazo. Pido a Dios y al universo que vuelvan a cruzar nuestros caminos. Eres luz, eres incre…
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¿Qué pasará después?

Hola!! Hace mucho que no escribo nada, pero aquí estoy otra vez  Estamos en diciembre, mes de fiesta, celebración, de estar con la familia... Es el mes que más nos une. Eso me lleva a pensar en que a veces esperamos a diciembre para poder dar un abrazo, cuando lo podríamos haber dado en abril.
   Personalmente no tengo un espíritu muy navideño que se diga, aunque con el paso del tiempo voy cambiando, pero creo sinceramente que estas fiestas, no deberían ser lo que nos une o lo que une a nuestra familia, sino que el amor debería ser puro, sincero y demostrado durante todo el año de manera incondicional. Independiente de la religión, debemos recordar que lo que se celebra es el nacimiento de Cristo y no el consumismo y el estrés que a veces son los que toman el protagonismo.   Después vendrá año nuevo. Sé que la idea de año nuevo nos llena de ilusión, porque nos atiborramos de planes, metas, objetivos...y es algo maravilloso poder soñar y tener la esperanza de que estos sueños se cu…

Ten paz

Estos últimos días han sido de mucho silencio para mí. El martes de la semana pasada viví una de las experiencias más angustiantes de mi vida. Sentí una vez más el dolor de la pérdida. Tuve que llorar bajito y gritar en silencio. Solo quien ha pasado por eso sabe cuánto duele.
     Sentir aflicción es algo normal. Forma parte de la vida. Pero no es correcto permitir que la angustia se apodere de nosotros. Cuando había llorado hasta más no poder, que mi cara estaba ya hinchada, recordé que uno de los reyes de Israel, llamado David, también pasó por muchos momentos angustiantes y en una ocasión le escribió a su propia alma: "¿Por qué te abates, oh alma mía? ¿Y por qué te turbas dentro de mí?"
     Sinceramente creo en la necesidad de expresar nuestras emociones y dramatizar todo lo necesario, pero después de todo, levantarnos y resplandecer. Días mejores vendrán. Las cosas malas llegarán siempre que puedan, por eso debemos tener siempre pazen nuestros corazones.

Dejar ir

La vida a veces se arrebata lo que estaba antes muy cerca de nosotros. Un pedazo de nuestra alma que se aleja y se lleva un trozo de nuestros corazones. Lo mejor es dejar ir aunque duela y anhelemos que vuelva y lo echemos de menos. Nunca pensé que perder a una persona sería tan doloroso, de hecho, no pensaba que la palabra separación sería utilizada para referirse a nosotros. Así es como se pasa cada lección, hiriéndonos y aprendiendo, al final, ¿quién nunca se llevó una decepción? Las personas van y vienen, pero la vida continúa adelante a todo velocidad, como un tren sin freno.  No dejes que tu mundo se acabe, solo porque una persona haya decidido marcharse de él.



¿Por qué soportar el dolor?

Las lágrimas son pequeñas gotitas, casi insignificantes, que a menudo descienden desde nuestros ojos. A veces no sabemos por qué lloramos, si es por tristeza, angustia, desesperación, rabia... Simplemente lloramos y todo el mundo alguna vez en su vida debió de haberlo hecho. Es curioso, pero nuestros momentos más difíciles son los que más recordamos. Creo sinceramente que esos momentos, a pesar de ser dolorosos, son los más importantes en nuestras vidas.
    Yo ya he vivido momentos en los que me he angustiado grandemente. El dolor era tan real que parecía que en un momento u otro mi corazón iría a explotar. Durante esas etapas, recuerdo que no entendía nada. Incluso cuestionaba si existía realmente la justicia, porque si fuera real, ¿cuándo iba a prestarme atención? Y solo después de haber pasado por todos mis momentos de encerramiento en mi habitación, llorando y sufriendo sola y callada, descubrí que cuando las cosas más importantes de nuestra vida suceden, normalmente no sabe…

Lo que no mereces

Hoy con mucho cariño y respeto me gustaría dedicar estas palabras a todas las mujeres que las lean. A veces olvidamos quiénes somos y aceptamos cualquier tipo de amor. Nos entregamos a cualquiera (no hablo solo de una relación amorosa, hablo de cualquier tipo de relación) y dejamos que nos manipulen, que nos moldeen y acabamos siendo manejados como títeres  o arrastrados como hoja por el viento a cualquier parte. Recuerdo que una vez me entregué entera a una relación que fue muy sufrida y cuando se terminó, una de las primeras cosas que pensé fue: "no era lo suficientemente buena para él". ¿Cómo así? Nuestro valor parece disminuir cada vez que los moretones van apareciendo en nuestra alma. Entregamos con facilidad nuestro corazón a personas que no lo cuidarán bien. ¿Y por qué lo hacemos? Porque aceptamos el amor que creemos que nos merecemos. Eso es algo común en personas, que al igual que yo, muchas veces se sienten inseguras y para alcanzar la seguridad, se conforman con c…

La cueva de los tesoros

Una mujer pobre paseaba con su hijo por un bosque, cuando oyó una voz que venía de dentro de una cueva:
-¡Aquí dentro hay mucho oro, plata y piedras preciosas! ¡Coge lo que quieras!
Un poco dudosa, miró dentro de la cueva y se dio cuenta de que realmente estaba llena de tesoros.
-¿De verdad puedo coger lo que quiera?
-Sí, pero solo podrás llevar una bolsa y solo tendrás dos minutos para escoger lo que vas a llevar. Después de ese tiempo, ¡sal corriendo! pues la cueva se cerrará para siempre con todo lo que esté dentro.
Agobiada por el tiempo y con tantas opciones  delante, la mujer escogía, juntaba, cambiaba, volvía a cambiar...
-Solo te quedan 10 segundos...9...8...
Ella cogió algunas otras piedras preciosas y salió corriendo.
Ya fuera, pudo ver como la cueva se cerraba. Miró la bolsa y vio todo lo que había cogido y que ahora era rica y podría darle a su hijo una buena vida.
-¡Dios mío! ¡Mi hijo!
Con las prisas se olvidó a su hijo dentro de la cueva.

¿Cuántas veces hemos dado priorida…