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¿Por qué soportar el dolor?

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Las lágrimas son pequeñas gotitas, casi insignificantes, que a menudo descienden desde nuestros ojos. A veces no sabemos por qué lloramos, si es por tristeza, angustia, desesperación, rabia... Simplemente lloramos y todo el mundo alguna vez en su vida debió de haberlo hecho. Es curioso, pero nuestros momentos más difíciles son los que más recordamos. Creo sinceramente que esos momentos, a pesar de ser dolorosos, son los más importantes en nuestras vidas.
    Yo ya he vivido momentos en los que me he angustiado grandemente. El dolor era tan real que parecía que en un momento u otro mi corazón iría a explotar. Durante esas etapas, recuerdo que no entendía nada. Incluso cuestionaba si existía realmente la justicia, porque si fuera real, ¿cuándo iba a prestarme atención? Y solo después de haber pasado por todos mis momentos de encerramiento en mi habitación, llorando y sufriendo sola y callada, descubrí que cuando las cosas más importantes de nuestra vida suceden, normalmente no sabe…

Lo que no mereces

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Hoy con mucho cariño y respeto me gustaría dedicar estas palabras a todas las mujeres que las lean. A veces olvidamos quiénes somos y aceptamos cualquier tipo de amor. Nos entregamos a cualquiera (no hablo solo de una relación amorosa, hablo de cualquier tipo de relación) y dejamos que nos manipulen, que nos moldeen y acabamos siendo manejados como títeres  o arrastrados como hoja por el viento a cualquier parte. Recuerdo que una vez me entregué entera a una relación que fue muy sufrida y cuando se terminó, una de las primeras cosas que pensé fue: "no era lo suficientemente buena para él". ¿Cómo así? Nuestro valor parece disminuir cada vez que los moretones van apareciendo en nuestra alma. Entregamos con facilidad nuestro corazón a personas que no lo cuidarán bien. ¿Y por qué lo hacemos? Porque aceptamos el amor que creemos que nos merecemos. Eso es algo común en personas, que al igual que yo, muchas veces se sienten inseguras y para alcanzar la seguridad, se conforman con c…

La cueva de los tesoros

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Una mujer pobre paseaba con su hijo por un bosque, cuando oyó una voz que venía de dentro de una cueva:
-¡Aquí dentro hay mucho oro, plata y piedras preciosas! ¡Coge lo que quieras!
Un poco dudosa, miró dentro de la cueva y se dio cuenta de que realmente estaba llena de tesoros.
-¿De verdad puedo coger lo que quiera?
-Sí, pero solo podrás llevar una bolsa y solo tendrás dos minutos para escoger lo que vas a llevar. Después de ese tiempo, ¡sal corriendo! pues la cueva se cerrará para siempre con todo lo que esté dentro.
Agobiada por el tiempo y con tantas opciones  delante, la mujer escogía, juntaba, cambiaba, volvía a cambiar...
-Solo te quedan 10 segundos...9...8...
Ella cogió algunas otras piedras preciosas y salió corriendo.
Ya fuera, pudo ver como la cueva se cerraba. Miró la bolsa y vio todo lo que había cogido y que ahora era rica y podría darle a su hijo una buena vida.
-¡Dios mío! ¡Mi hijo!
Con las prisas se olvidó a su hijo dentro de la cueva.

¿Cuántas veces hemos dado priorida…

Alguien en ti te necesita

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Existen cosas malas en nuestras vidas que parecen insignificantes, pero en realidad son muy peligrosas porque en un momento u otro acaban cobrando raíces e instalándose en nuestros corazones.      El corazón humano es una fábrica de ídolos. Nos apegamos a cosas tan vanas. Con un poco de descuido, acabamos dejando que cualquier hábito malo o cualquier pensamiento destructivo forme parte de nosotros, hasta que llega un momento en el que la situación se vuelve insostenible y acabamos hundiéndonos en una profunda desesperación.     Hay una fuerza en nuestro interior que grita cuando algo no está bien y nos suplica transformarlo. Tenemos un alma que  necesita nuestros cuidados, y a veces la dejamos desaseada, sucia y llena de heridas abiertas. Nos preocupamos más con el exterior, cuando en realidad hay un ser dentro de nosotros que pide a gritos un poco más de atención.      Cuando hablo de cuidar el alma y el corazón me refiero a remover todo aquello que sea basura y que provoca desor…

Luchar o morir

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Una vida rodeada de silencio. Gritar y no ser escuchada. Que suene solo el clamor de un alma pidiendo ayuda. Nadie lo comprende. Todo parece tan oscuro.  Como si la esperanza se hubiera esfumado. Entonces alguien recuerda que existe una escapatoria que le pondrá fin a todo. Una voz que dirá que el sufrimiento se habrá acabado si invocas a un ser conocido por ser despiadado, pero que en realidad puede ser la solución a ese problema infame: la muerte.
    A partir de entonces, los pensamientos son invadidos por la idea de decirle adiós a todo: al tiempo, al amor, a la familia, a los sueños,  a los planes, a la vida... Y esa idea persiste tanto en quedarse. ¿Hablar con alguien? Eso queda prohibido. ¿Qué podrán decir? ¡Nada!
     Se empieza después a maquetar la estrategia: primero las pastillas, luego escribir una nota explicándolo todo, tumbarse en la cama, cerrar los ojos y esperar a que llegue la oscuridad o la luz (¿quién lo sabrá? )
    El día de concretar el plan llega. Los pas…

Cómo vencí el miedo

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Yo siempre tuve miedo.  Miedo que frenaba, que bloqueaba, que me impedía reconocerme a mí misma. Recuerdo que no era capaz de ser quién era y de expresarme cuando estaba con otras personas porque mi miedo de no agradar era tan grande que me hacía sentir intimidada.
    Casi todos los días alguien se sentaba conmigo en mi cama, se miraba en el espejo y empezaba a llorar sin saber por qué.  Ese alguien era mi propia alma que me suplicaba florecer y mostrarse a los demás.  Yo, en cambio,  la ocultaba tras sombras, personas e ideologías que no se parecían a mí. Todo por temer a la reacción de las personas si llegaban a descubrir cuáles eran mis convicciones.
    Un día me liberé. Es verdad que varias personas influyeron en esa liberación,  pero la principal y la que hizo la parte más difícil fue Dios. Con Él aprendí que el paso por la vida sufre constantes cambios, haciéndonos transformar ideas y crecer. Dios me enseñó a ser yo. Ya que, si muchos van por ahí libremente dando su opinió…

Injustos exigiendo justicia

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Hoy he herido el corazón de una personita muy importante para mí.  Se trata de mi hermana pequeña. Estaba muy enfadada con mis padres, entonces para vengarme acabé haciendo una estupidez, sin tener en cuenta que podría estar jugando con la ilusión de una niña. La pobre lloró como si se le fuera a salir el alma. Me sentí muy mal! Por supuesto que ya le pedí perdón y su inocencia de niña fue capaz de perdonarme.
    Lo que me ha ocurrido me trajo a la mente una frase que una vez mi profesora de historia dijo en clase y que me hizo reflexionar mucho sobre ella aquel día: ¿cómo exigir justicia siendo injusto?
    Las personas tenemos la manía de señalar los errores de los demás sin darnos cuenta de nuestros propios errores, es decir, yo fui capaz de ver la injusticia que habían cometido mis padres,  y a consecuencia también fui injusta. Eso no me justifica. Para pedir que alguien sea de una forma determinada, primero tengo que serlo yo.
    La caminata de la vida no es fácil.  Somos…