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Recuerdo

Recuerdo cómo me miraste por primera vez. Recuerdo cuando no sabía tu nombre. Recuerdo que soñaba con hablar contigo. Recuerdo lo feliz que me ponía cuando te veía. Recuerdo el día en el que averigué como te llamabas, leyendo tu nombre en el buzón. Recuerdo que salía de casa solo para verte. Recuerdo el día que hablamos por primera vez: me contaste todo sobre ti, me miraste de una forma tan especial, me trataste tan bien, fuiste un caballero, me hiciste reír, me diste una esperanza... Recuerdo aquel día en el autobús,  cuando acepté que estaba loca de amor por ti. Recuerdo que siempre que salía de casa miraba a tu ventana para ver si te veía. Recuerdo que pensaba en ti con tanta fuerza. Recuerdo que te escribía poemas. Recuerdo la primera vez que te dije una burrada. Recuerdo cuando las cosas comenzaron a cambiar. Recuerdo la primera vez que me ignoraste: lloré tanto aquel día,  pensé que mi mundo se había acabado y había perdido completamente las ganas de vivir. Recuerdo tu trastorno bipolar: ahora te quiero,  ahora no, ahora te hablo, ahora no, ahora te miro, ahora no... Recuerdo el día que me declaré y te dije que te quería: te reíste de mí y me dijiste que no. Pensé que bromeabas, que al día siguiente vendrías a por mí y que seríamos felices juntos, pero eso no pasó nunca. Recuerdo que a partir de entonces nunca más volvimos a tratarnos. Recuerdo cómo el tiempo pasaba y yo te intentaba olvidar pero parecía que nunca lo iba a lograr.Recuerdo que volví a verte y fuiste tan frío conmigo. Recuerdo que a veces pensaba que ya lo había superado, pero bastaba un segundo para darme cuenta de que no. Recuerdo todas las locuras que hice por ti. Recuerdo que un día te volví a ver y fuiste muy amable conmigo. Recuerdo que tu amabilidad solo recalcó en mí que nunca sería capaz de olvidarte. Pero que mentirosa fui conmigo misma. Recuerdo que un día me desperté y sentí que ya no te necesitaba. Recuerdo que podré ser feliz sin ti. Recuerdo que no dependo de una persona para sentirme completa. Recuerdo...

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Luchar o morir

Una vida rodeada de silencio. Gritar y no ser escuchada. Que suene solo el clamor de un alma pidiendo ayuda. Nadie lo comprende. Todo parece tan oscuro.  Como si la esperanza se hubiera esfumado. Entonces alguien recuerda que existe una escapatoria que le pondrá fin a todo. Una voz que dirá que el sufrimiento se habrá acabado si invocas a un ser conocido por ser despiadado, pero que en realidad puede ser la solución a ese problema infame: la muerte.
    A partir de entonces, los pensamientos son invadidos por la idea de decirle adiós a todo: al tiempo, al amor, a la familia, a los sueños,  a los planes, a la vida... Y esa idea persiste tanto en quedarse. ¿Hablar con alguien? Eso queda prohibido. ¿Qué podrán decir? ¡Nada!
     Se empieza después a maquetar la estrategia: primero las pastillas, luego escribir una nota explicándolo todo, tumbarse en la cama, cerrar los ojos y esperar a que llegue la oscuridad o la luz (¿quién lo sabrá? )
    El día de concretar el plan llega. Los pas…

Lo que no mereces

Hoy con mucho cariño y respeto me gustaría dedicar estas palabras a todas las mujeres que las lean. A veces olvidamos quiénes somos y aceptamos cualquier tipo de amor. Nos entregamos a cualquiera (no hablo solo de una relación amorosa, hablo de cualquier tipo de relación) y dejamos que nos manipulen, que nos moldeen y acabamos siendo manejados como títeres  o arrastrados como hoja por el viento a cualquier parte. Recuerdo que una vez me entregué entera a una relación que fue muy sufrida y cuando se terminó, una de las primeras cosas que pensé fue: "no era lo suficientemente buena para él". ¿Cómo así? Nuestro valor parece disminuir cada vez que los moretones van apareciendo en nuestra alma. Entregamos con facilidad nuestro corazón a personas que no lo cuidarán bien. ¿Y por qué lo hacemos? Porque aceptamos el amor que creemos que nos merecemos. Eso es algo común en personas, que al igual que yo, muchas veces se sienten inseguras y para alcanzar la seguridad, se conforman con c…

Alguien en ti te necesita

Existen cosas malas en nuestras vidas que parecen insignificantes, pero en realidad son muy peligrosas porque en un momento u otro acaban cobrando raíces e instalándose en nuestros corazones.      El corazón humano es una fábrica de ídolos. Nos apegamos a cosas tan vanas. Con un poco de descuido, acabamos dejando que cualquier hábito malo o cualquier pensamiento destructivo forme parte de nosotros, hasta que llega un momento en el que la situación se vuelve insostenible y acabamos hundiéndonos en una profunda desesperación.     Hay una fuerza en nuestro interior que grita cuando algo no está bien y nos suplica transformarlo. Tenemos un alma que  necesita nuestros cuidados, y a veces la dejamos desaseada, sucia y llena de heridas abiertas. Nos preocupamos más con el exterior, cuando en realidad hay un ser dentro de nosotros que pide a gritos un poco más de atención.      Cuando hablo de cuidar el alma y el corazón me refiero a remover todo aquello que sea basura y que provoca desor…