Dios se ríe

    Hace unos días un amigo mío me estuvo contando que en la iglesia donde él se congregaba estaban teniendo una necesidad económica,  y que los pastores no tenían ni la menor idea de cómo solucionarla. Él y su esposa ya habían decidido pagar la deuda que había,  pero no se lo dirían a los pastores hasta el final del culto, con calma. Entonces empezaron a observar el comportamiento de inseguridad y de desesperación que estaban sintiendo los pastores en aquel momento (como cristianos confiaban en Dios, como humanos se preocupaban). Mi amigo y su esposa se miraron y sonrieron porque ellos sabían que aquel problema ya estaba solucionado.
    Esa anécdota me lleva a pensar en mí misma, ¿cuántas veces me he desesperado por cosas tan pequeñas?  Y está claro que al igual que mi amigo sabía que el problema de sus pastores tenía ya una solución,  Dios desde allí arriba debe de mirarme cuando estoy preocupada y sonreír porque él también ya tiene una solución para mis problemas.
    Como ser humano, a veces tengo la necesidad de tener las respuesta de forma inmediata. Vea el caso de hoy: Tuve que llevar a mi hermana a entrenar, el cielo estaba totalmente cubierto y antes de salir de casa pensé que debería llevar un paraguas, pero se me olvidó. Todo bien, llegué a la pista cubierta donde mi hermana entrena y se puso a llover. Entonces empecé a preocuparme por la hora de volver a casa, ya que mi hermana y yo nos mojaríamos y probablemente acabaríamos con gripe. En mi mente pensaba: "Señor, por favor para la lluvia." Diez minutos después: "Pero Dios mío,  ¿qué pasa? Sigue lloviendo." Cinco minutos después: "Padre, en serio, necesito que pares la lluvia!". Yo imagino a Dios en ese momento observando mi desesperación y riéndose,  no de forma burlesca y sí porque el sabía cuál sería la hora de que dejara de llover, y diez minutos antes de que el entrenamiento de mi hermana acabara la lluvia paró y pudimos volver a casa sin mojarnos.
    Lo que quiero decir tanto con esta historia como con la historia de mi amigo es que yo como cristiana, en los momentos de preocupación debo empezar a confiar en Dios. Él tiene el control de todas las cosas y ya conoce mi futuro. Antes de que yo naciese él ya sabía mi nombre, ¿cómo no va a saber si se va a parar o no la lluvia? Dios es Dios, pero también es un buen Padre y no dejará jamás a sus hijos tirados en medio del desierto. Tengo que confiar en Él y Él, que es fiel y justo, completará su buena obra en mí.

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