Cómo vencí el miedo

    Yo siempre tuve miedo.  Miedo que frenaba, que bloqueaba, que me impedía reconocerme a mí misma. Recuerdo que no era capaz de ser quién era y de expresarme cuando estaba con otras personas porque mi miedo de no agradar era tan grande que me hacía sentir intimidada.
    Casi todos los días alguien se sentaba conmigo en mi cama, se miraba en el espejo y empezaba a llorar sin saber por qué.  Ese alguien era mi propia alma que me suplicaba florecer y mostrarse a los demás.  Yo, en cambio,  la ocultaba tras sombras, personas e ideologías que no se parecían a mí. Todo por temer a la reacción de las personas si llegaban a descubrir cuáles eran mis convicciones.
    Un día me liberé. Es verdad que varias personas influyeron en esa liberación,  pero la principal y la que hizo la parte más difícil fue Dios. Con Él aprendí que el paso por la vida sufre constantes cambios, haciéndonos transformar ideas y crecer. Dios me enseñó a ser yo. Ya que, si muchos van por ahí libremente dando su opinión,  ¿por qué avergonzarme de dar la mía?  Confieso que todavía estoy formándome como persona, sin embargo hoy me siento libre para gritar cuánto amo a Dios. Dios es ese Padre que me toma de la mano y me enseña a caminar. Y dando un paso de cada vez, me estoy descubriendo a mí misma, mientras me escondo únicamente en el corazón de mi Abba.

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