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Cómo vencí el miedo

    Yo siempre tuve miedo.  Miedo que frenaba, que bloqueaba, que me impedía reconocerme a mí misma. Recuerdo que no era capaz de ser quién era y de expresarme cuando estaba con otras personas porque mi miedo de no agradar era tan grande que me hacía sentir intimidada.
    Casi todos los días alguien se sentaba conmigo en mi cama, se miraba en el espejo y empezaba a llorar sin saber por qué.  Ese alguien era mi propia alma que me suplicaba florecer y mostrarse a los demás.  Yo, en cambio,  la ocultaba tras sombras, personas e ideologías que no se parecían a mí. Todo por temer a la reacción de las personas si llegaban a descubrir cuáles eran mis convicciones.
    Un día me liberé. Es verdad que varias personas influyeron en esa liberación,  pero la principal y la que hizo la parte más difícil fue Dios. Con Él aprendí que el paso por la vida sufre constantes cambios, haciéndonos transformar ideas y crecer. Dios me enseñó a ser yo. Ya que, si muchos van por ahí libremente dando su opinión,  ¿por qué avergonzarme de dar la mía?  Confieso que todavía estoy formándome como persona, sin embargo hoy me siento libre para gritar cuánto amo a Dios. Dios es ese Padre que me toma de la mano y me enseña a caminar. Y dando un paso de cada vez, me estoy descubriendo a mí misma, mientras me escondo únicamente en el corazón de mi Abba.

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Luchar o morir

Una vida rodeada de silencio. Gritar y no ser escuchada. Que suene solo el clamor de un alma pidiendo ayuda. Nadie lo comprende. Todo parece tan oscuro.  Como si la esperanza se hubiera esfumado. Entonces alguien recuerda que existe una escapatoria que le pondrá fin a todo. Una voz que dirá que el sufrimiento se habrá acabado si invocas a un ser conocido por ser despiadado, pero que en realidad puede ser la solución a ese problema infame: la muerte.
    A partir de entonces, los pensamientos son invadidos por la idea de decirle adiós a todo: al tiempo, al amor, a la familia, a los sueños,  a los planes, a la vida... Y esa idea persiste tanto en quedarse. ¿Hablar con alguien? Eso queda prohibido. ¿Qué podrán decir? ¡Nada!
     Se empieza después a maquetar la estrategia: primero las pastillas, luego escribir una nota explicándolo todo, tumbarse en la cama, cerrar los ojos y esperar a que llegue la oscuridad o la luz (¿quién lo sabrá? )
    El día de concretar el plan llega. Los pas…

Lo que no mereces

Hoy con mucho cariño y respeto me gustaría dedicar estas palabras a todas las mujeres que las lean. A veces olvidamos quiénes somos y aceptamos cualquier tipo de amor. Nos entregamos a cualquiera (no hablo solo de una relación amorosa, hablo de cualquier tipo de relación) y dejamos que nos manipulen, que nos moldeen y acabamos siendo manejados como títeres  o arrastrados como hoja por el viento a cualquier parte. Recuerdo que una vez me entregué entera a una relación que fue muy sufrida y cuando se terminó, una de las primeras cosas que pensé fue: "no era lo suficientemente buena para él". ¿Cómo así? Nuestro valor parece disminuir cada vez que los moretones van apareciendo en nuestra alma. Entregamos con facilidad nuestro corazón a personas que no lo cuidarán bien. ¿Y por qué lo hacemos? Porque aceptamos el amor que creemos que nos merecemos. Eso es algo común en personas, que al igual que yo, muchas veces se sienten inseguras y para alcanzar la seguridad, se conforman con c…

Alguien en ti te necesita

Existen cosas malas en nuestras vidas que parecen insignificantes, pero en realidad son muy peligrosas porque en un momento u otro acaban cobrando raíces e instalándose en nuestros corazones.      El corazón humano es una fábrica de ídolos. Nos apegamos a cosas tan vanas. Con un poco de descuido, acabamos dejando que cualquier hábito malo o cualquier pensamiento destructivo forme parte de nosotros, hasta que llega un momento en el que la situación se vuelve insostenible y acabamos hundiéndonos en una profunda desesperación.     Hay una fuerza en nuestro interior que grita cuando algo no está bien y nos suplica transformarlo. Tenemos un alma que  necesita nuestros cuidados, y a veces la dejamos desaseada, sucia y llena de heridas abiertas. Nos preocupamos más con el exterior, cuando en realidad hay un ser dentro de nosotros que pide a gritos un poco más de atención.      Cuando hablo de cuidar el alma y el corazón me refiero a remover todo aquello que sea basura y que provoca desor…