Luchar o morir

    Una vida rodeada de silencio. Gritar y no ser escuchada. Que suene solo el clamor de un alma pidiendo ayuda. Nadie lo comprende. Todo parece tan oscuro.  Como si la esperanza se hubiera esfumado. Entonces alguien recuerda que existe una escapatoria que le pondrá fin a todo. Una voz que dirá que el sufrimiento se habrá acabado si invocas a un ser conocido por ser despiadado, pero que en realidad puede ser la solución a ese problema infame: la muerte.
    A partir de entonces, los pensamientos son invadidos por la idea de decirle adiós a todo: al tiempo, al amor, a la familia, a los sueños,  a los planes, a la vida... Y esa idea persiste tanto en quedarse. ¿Hablar con alguien? Eso queda prohibido. ¿Qué podrán decir? ¡Nada!
     Se empieza después a maquetar la estrategia: primero las pastillas, luego escribir una nota explicándolo todo, tumbarse en la cama, cerrar los ojos y esperar a que llegue la oscuridad o la luz (¿quién lo sabrá? )
    El día de concretar el plan llega. Los pasos son muy sencillos: entrar en la habitación,  cerrar la puerta y tomar las pastillas. Sin embargo, cuando el lanzamiento es ya casi ejecutado, un fuerte temblor de manos y piernas empiezan a apoderarse del protagonismo. Las rodillas se doblan y las lágrimas caen. Misión abolida. El miedo ha sido amable y entregó una razón para aferrarse a vivir...

En la vida no hay que rendirse. La batalla es difícil,  pero vale la pena luchar por construir una historia propia. Quizás no se haya encontrado el propósito de la existencia. Y he aquí el gran reto: seguir buscándolo hasta encontrarlo.

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