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Alguien en ti te necesita


    Existen cosas malas en nuestras vidas que parecen insignificantes, pero en realidad son muy peligrosas porque en un momento u otro acaban cobrando raíces e instalándose en nuestros corazones. 
    El corazón humano es una fábrica de ídolos. Nos apegamos a cosas tan vanas. Con un poco de descuido, acabamos dejando que cualquier hábito malo o cualquier pensamiento destructivo forme parte de nosotros, hasta que llega un momento en el que la situación se vuelve insostenible y acabamos hundiéndonos en una profunda desesperación.
    Hay una fuerza en nuestro interior que grita cuando algo no está bien y nos suplica transformarlo. Tenemos un alma que  necesita nuestros cuidados, y a veces la dejamos desaseada, sucia y llena de heridas abiertas. Nos preocupamos más con el exterior, cuando en realidad hay un ser dentro de nosotros que pide a gritos un poco más de atención. 
    Cuando hablo de cuidar el alma y el corazón me refiero a remover todo aquello que sea basura y que provoca desorden dentro de nosotros, ya sea el orgullo, el odio, la falta de perdón... porque cuando un mal hábito se hace común, acabamos conformándonos y aceptándolo. Por eso es importante que miremos hacia nuestro interior y que transformemos aquello que no encaja. 
    La fase de transformación es muy buena. Con ella aprendemos, maduramos y crecemos. Cambiar algunas veces duele. Pero el dolor es una oficina que nos enseña a ser sensibles y a la vez más fuertes, porque a través de las flaquezas pasamos por una verdadera metamorfosis. Cuando nos damos la libertad de aceptar nuestras debilidades, damos también aquel paso que hace que avancemos un poquito más.
    Hoy, dedícate cinco minutos: piensa en ti misma, reconoce tus errores, enfréntate a tus miedos, mírate fijamente al espejo y escúchate. No te dejes llevar por una realidad en distorsión. Mira a tu interior y si ves algo que no está bien, cámbialo osadamente.

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